Se acabó el culebrón MESSI, al menos para algunos, para otros comenzó la pesadilla que no querían y que jamás pensaron ver. La eterna renovación (14ª como culé de haberse consumado), y posteriormente fichaje tras haber agotado su contrato con el FC Barcelona el 30 de Junio, finalmente no pudo ser; aunque yo más bien me inclino a pensar que desde un principio estaba abocada al fracaso porque la situación del Barça es poco menos que de ruina (si no lo es absolutamente), y porque ese monstruo que creo el club azulgrana llamado Messi era insostenible económicamente, y por más vueltas que nos quisieron dar con él diciéndonos que todo iba bien, que tranquilos, que progresa adecuadamente era una milonga que no pudieron prolongar más.
Cuando Leo Messi llegó a Barcelona, procedende de Ibiza donde pasaba las vacaciones con Luis Suárez y el Kun Agüero, muchos creían y nos decían que era para firmar la famosa renovación-fichaje, este ya sabía que no, sabía que su relación con el Barça tocaba a su fin, y así se materializó el pasado día 5 con el famoso comunicado anunciando que el astro argentino no seguíría ligado al club. Habían soltado la bomba, y había estallado sorprendiendo a propios y extraños. El seísmo se hizo notar en todo el mundo, todos los medios de comunicación se hacían eco de la noticia del año, y los culés, que esperaban ver a su ídolo vestir su camiseta una vez más, hacían realidad su peor pesadilla.
- No puede ser -, decían, pero podía ser y era. Ni la famosa bajada del 50% de su salario (que nos la podemos creer o no), era suficiente para que el Barça, en esa ruina y caos económico cuadrara sus cuentas y cumpliera el limite salarial de la liga que intento eludir como pudo, pero del que no se pudo zafar.
Ver para creer, casi ninguno nos imaginabamos que un día así llegaría, aunque por fuerza, porque es ley de vida y del deporte, tendría que llegar, pero era difícil pensar que sería así, en estas circunstancias tan rocambolescas. Una serie de episodios que pasarían a la historia del deporte, del fútbol, del jugador y del propio FC Barcelona.
Y la pesadilla de los culés solo acababa de empezar.
Algunos decían que todo esto era un farol del club para presionar a la liga y que esta tuviera un poco de manga ancha en el limite salarial, pero nada tenía que ver con la realidad. El segundo capítulo de la pesadilla culé tendría lugar el pasado día 8 con la despedida del futbolista, del que hasta entonces había sido el club de su vida. Con lágrimas en los ojos y casi sin poder hablar por momentos, Lionel Messi se despedía del FC Barcelona y de esa afición que le idolatraba, y de paso explicaba su versión de los hechos, su verdad, de la que dijo haber hecho todo lo posible por su continuidad como azulgrana.
“No sé el Barcelona, pero yo hice todo lo posible para quedarme”.
Ya no había marcha atrás, Leo se iba del Barcelona, y su camino apuntaba a París. Un adiós muy frío por parte del club se consumaba, un adiós que no esperaba para el que ha sido el mejor jugador de la historia del club, para el jugador que les hizo ganarlo todo, triplete, sextete, un jugador que hizo historia ganando seis balones de oro con su camiseta, y sin embargo la rueda de prensa de Joan Laporta, previa a la de Messi, pareciera que su adiós era una liberación, pareciera que hubiesen dicho "- ¿te vas?, bueno adiós -, y portazo, como si hubiese sido un jugador más que pasaba por ahí. Entiendo que económicamente lo pudiera ser, aunque como bien reconoció Laporta, su adiós solo suponía una liberación de la masa salarial ¡del 15%!. Pero en cualquier caso esperaba mucho más para un jugador así, ¡si hasta Sergio Ramos se despidió mejor del Madrid!. Sea como fuere, aquella llama se apagaba por ambos lados, y 48 horas después de la despedida del argentino, sonaba París.
El tercer episodio de la pesadilla culé tendría lugar 48 horas después de las lágrimas, Messi ponía rumbo a París con su familia al completo, el acuerdo con el club francés era un hecho, un hecho que pocos nos creemos que se diera en tan pocas horas, tiene más pinta de haberlo cerrado mucho antes, quizá, cuando Leo mandó el famoso burofax en tiempos de Bartoméu, ya lo tuviera, aunque fuese de palabra y falta de los famosos flecos que son los que se han podido cerrar en esas 48 h. Messi dejaba Barcelona, y se iba para vestir otros colores, y portar otro escudo.
Messi llegaba a París el día 10 a la ciudad del amor, y a su llegada saluda sonriente a la numerosa afición del PSG que lo esperaba en las inmediaciones del aeropuerto desde el día anterior. La Messimanía acababa de empezar. Y la peor imagén para la masa barcelonista, no se hizo esperar, pronto llegarían las primeras imágenes de Messi como jugador del Paris Saint Germain. Era la imagen que ningún culé quería ver, la imagen que daría la vuelta al mundo y que se nos haría extraña a todos, a Messi también. Quedaba rematar la pesadilla con la presentación oficial.
Al día siguiente, por si aún había quien tuviera esperanzas de una vuelta a atras, tuvo lugar la presentación oficial de Messi como jugador del PSG, y para afianzar más los hechos, la presentación tuvo lugar con el que era ya su nuevo presidente, Al Khelaifi a su lado. Rueda de prensa conjunta en inglés, francés y español para dejar claro que el jugador era suyo y de los parisinos, no ya de los culés y los barceloneses, eso quedaba atras. Messi era preguntado por todo, y nada eludió, y todo con una sonrisa durante todo el tiempo, desde su llegada con su mujer y sus hijos (estos vestidos con la indumentaria del PSG). Messi era feliz con su nueva camiseta y su nueva afición que siguió en silencio la presentación y que luego no dejaba de corear su nombre, su nuevo idolo estaba en Paris.
Messi forma ya parte del nuevo ataque del PSG, del nuevo tridente MNM, eso si el lunes M´Bappé no dice que se quiere ir o que se va. Y con ellos tres y el equipo que ha formado Al Khelaifi, ha nacido MESSILAND PARIS.