Se puede decir que Rafa ha hecho un partido casi perfecto desde el principio, muy serio y sin dejar respirar a un Djokovic que más pronto que tarde empezó a desesperarse por momentos al ver el muro infranqueable que tenía delante. El primer set se lo llevó el manacorí por un 6-0 incontestable que le hizo en menos de 50 minutos, el segundo, en algo más de tiempo, también lo ganó Nadal por 6-2, y el tercer set, en el que el Novak empezó a tranquilizarse y ser él oponente que todos esperabamos, acaba 7-5 despues de llegar a ganar a Rafa por 5-4, a partir de ahí fue un pequeño monólogo de esta gran leyenda llamada Rafa Nadal que terminaba el set y el partido con un saque directo que le daba su vigésimo título de Grand Slam, empatando con Roger Federer, y su decimotercera Copa de los Mosqueteros, con la que, como él dice, tiene una historia de amor que comenzó en 2005, y que aunque el Mallorquín pueda estar en sus últimos años de carrera, quien sabe cuando acabará.
En estos tiempos grises, Rafael Nadal le ha puesto color a esta tarde de Domingo sobre el cielo de París, color español, como viene haciendo con bastante frecuencia en los últimos 15 años, recibiendo la célebre copa en manos del ex-jugador Nicola Pietrangeli. Rafa abrazaba emocionado la copa bajo el himno nacional ante un resignado Djokovic y ante las mil personas que vieron in situ como la ganaba mostrando su mejor versión.
Ahora y tras igualar a Roger Federer en grandes títulos, nos regala una bonita y difícil lucha con el suizo por ver quien es el mejor de la historia, una historia que hoy ha escrito una página más en la capital gala, pero no ha contado su último capítulo.
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