El Madrid fue el de las mil y una noches, el de las grandes noches sin preocuparle estar lejos del Bernabéu.
El Real Madrid ganó con autoridad, con suficiencia y superioridad desde el minuto 1. Este Madrid es un Madrid con las tablas y la calma que le da su entrenador, se nota el oficio desde el banquillo, y la juventud en el campo, mezclada con la veteranía de los Kroos, Modric y compañía.
El Real Madrid llegó a la Supercopa en un estado físico y futbolístico muy superior al de los demás, ya se vio frente al Atlético de Madrid; en ese partido se dio cuenta de que pueden ganar a cualquiera sin casi importar cual sea el resultado, pueden darle la vuelta una y otra vez hasta ganar.
No tuvo rival frente a un Barcelona vulnerable atrás, y sin un mensaje claro. Venía de un "ganar de cualquier manera" y de un "el 1-0 nos vale", a volver al famoso ADN Barça, que ya nadie tiene muy claro cual es.
Xavi dejaba en el banquillo a Joao Félix, que ahora parece representar el ADN Barça, y a jugadores como Vitor Roque, que venía a salvar a este Barça, inédito en esta competición. Dibujaba la línea de la defensa muy adelantada, dejando espacios que favorecían la velocidad de Vinicius y Rodrygo.
Vini se coronó en la noche de ayer con un hat-trick que le convertían en el mejor jugador del partido con dos goles tempraneros y un penalti. Rodrygo firmó el tremendo castigo a los culés con un golazo que dejaba caras muy largas en la bancada blaugrana.
No vale ahora quejarse del penalti, no después de 94 minutos de juego en los que te han metido cuatro goles y solo has sido capaz de hacer uno, no vale reducirlo todo a un penalti, no es tan simple. En el Barça hay un problema de todo que tienen que hacérselo mirar.
El Madrid fue el de las grandes noches, recordando al de las grandes noches europeas, fue el Madrid de las mil y una noches.

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